El artículo de la que dio nombre al blog "El sueño de ser bombera"

23.05.2017

Nieves Sánchez Guitián aborda por primera vez y sin tapujos la discriminación que sufren las mujeres en el acceso a los Cuerpos de Bombero en la revista de la Asociación Profesional de Técnicos de Bomberos (APTB)

El sueño de ser bombera

La profesión de bombero siempre ha sido una actividad ligada a valores como la valentía, la superación, la solidaridad, el servicio y entrega a los demás, y muchos otros ligados al buen hacer profesional, como el trabajo en equipo. Muchos de estos valores aparecen en mujeres que se sienten llamadas a desempeñar tareas dentro de los equipos de emergencias. Resulta francamente llamativo que el número de bomberas existente en nuestro país sea tan exiguo, por lo que voy a analizar a lo largo de estos párrafos cual es la situación y espero contribuir así a una reflexión profunda que entiendo necesaria.

La profesión de bombero data ya de los romanos, y siempre ha sido fuente de ilusión para muchos niños que ven en ese trabajo una gran destreza, habilidad física y valentía, que desde la psicología infantil y adolescente ha elevado a estos profesionales a la categoría de ídolos, siendo frecuente que muchos niños, y también niñas, sueñen con ser bomberos de mayores. Sin embargo, el que todavía se considere la fuerza física como una variable masculina fundamental a la hora de actuar frente a una emergencia, y analizando la psicología que se traslada desde la educación, en la cual la mujer se sigue considerando más débil, con peores recursos físicos que los hombres, lleva a que en menos mujeres aparezca el empuje necesario para dar el paso de  presentarse a las pruebas para bombero.


"Si bien muchas de ellas tienen ese deseo, las dificultades existentes en nuestra sociedad las llevan a renunciar a todo intento."   

Lo cierto es que las pruebas, en todos los casos analizados, no son más que el inicio de la carrera profesional que, a partir del momento en que se consigue el pase, supone la contratación indefinida del bombero o bombera para el resto de sus días, con derechos equivalentes a los de otros empleados públicos. Sin embargo, resulta llamativo que, dada la enorme importancia que tienen las pruebas físicas en el proceso de selección, no se realicen con posterioridad nuevas pruebas periódicas que avalen el mantenimiento de esa capacidad física durante los años posteriores. Si tan importantes son esas habilidades, no parece congruente que un bombero que haya superado las mismas y que posteriormente dejara de atender a su cuerpo descuidando mantener dichas capacidades, o simplemente envejeciera y perdiera sus habilidades con el paso de los años, no fuera relevado del puesto. Lo cierto es que es bastante probable que, si repitiéramos las pruebas físicas dos o tres años después a los opositores que las hubieran superado, nos encontraríamos con que muchos de ellos ya no alcanzarían los valores obtenidos en los exámenes. 

Ante esta realidad cabe preguntarse si es realmente fundamental ser un atleta excepcional para ser un buen bombero. Lo primero es algo más efímero en la vida de una persona. Lo segundo es una profesión para toda la vida. La experiencia y el conocimiento de las diferencias entre hombres y mujeres me lleva a pensar que en muchos casos las mujeres se mantienen mejor físicamente con el paso de los años, siendo todavía mayor la esperanza de vida de las mujeres de nuestro país. Nos podríamos encontrar con que, en un análisis a largo plazo, las mujeres que se presentan a las pruebas de bomberas, tanto las que aprueban como las que no, consiguen un mejor estado físico con el paso del tiempo, por lo que la integral total del periodo de servicios podría llegar a ser más eficiente en lo que atañe al estado físico. 

En lo que se refiere a la eficacia a la hora de prestar el servicio, no se dispone de datos estadísticos adecuados, siendo un tema que sería realmente interesante de analizar y conocer en profundidad. En las áreas donde los servicios contra incendios son prestados por personas voluntarias, el número de mujeres es más elevado. No obstante, no se dispone de datos precisos sobre el porcentaje femenino. Del análisis de los cometidos y resultados a la hora de realizar intervenciones por parte de las mujeres podría inferirse si los resultados en ambos sexos son tan desiguales como parecen querer justificar las convocatorias para la selección cuando se trata de bomberos contratados a sueldo, donde claramente las pruebas para el acceso a la mayoría de los parques, benefician a los hombres y perjudican a las mujeres.

Sin embargo, dado que no se dispone de dichos análisis objetivos con datos precisos, lo que sí podemos hacer es analizar los sistemas de forma global. Y por los resultados que se publican me atrevo a constatar que la


eficiencia y el rendimiento no parecen ser muy distintos entre ambos sistemas: el que se basa en el voluntariado,  donde el número de mujeres es superior al 5% en España (reitero que no se dispone del dato preciso), con respecto al que es retribuido, donde el número de mujeres es tan solo del 1,37 %. Parece claro que hacen falta más datos para poder justificar el actual trato discriminatorio que se da a favor de los hombres en la mayoría de las pruebas de acceso. 

Apagar un incendio es siempre una cuestión de estrategia o de razón más que de fuerza física bruta. Si algo aprendí en la Escuela Nacional de Protección Civil es que en toda emergencia la planificación y la estrategia son las claves del éxito. La prudencia y mayor autocontrol que mostraban las mujeres bomberas en determinados ejercicios de extinción de incendios eran resaltados positivamente por los instructores, pues el consumo de oxígeno debe moderarse para aguantar más tiempo y la valoración previa e inteligente de la situación resulta crucial antes de lanzarse a actuar.    

Tomando datos de otros países que se obtienen fácilmente a través de internet, nos encontramos con que en América los porcentajes de mujeres son muy superiores, tanto en los servicios de emergencias como en las fuerzas y cuerpos de seguridad. Un 10% de mujeres bomberas en Nicaragua se refleja en la prensa como escaso. Y por ejemplo en Bariloche (Argentina) destacan con mucho orgullo tener un 35% de mujeres bomberas, habiéndose celebrado aquí en noviembre de 2012 el Primer Encuentro de Género del Consejo Nacional de Federaciones de Bomberos Voluntarios de la República Argentina. El presidente de este Consejo dijo: "somos conscientes de que esta es una profesión machista y que no siempre la mujer tiene las mismas oportunidades". Si con dichos porcentajes el análisis que se hace es éste, parece claro que América nos saca en esto una gran ventaja.     

El presidente de este Consejo dijo: “somos conscientes de que esta es una profesión machista y que no siempre la mujer tiene las mismas oportunidades” 

Si con dichos porcentajes el análisis que se hace es éste, parece claro que América nos saca en esto una gran ventaja.

En la tabla adjunta se han resumido los últimos datos disponibles facilitados por la APTB en la "Estadística Nacional de los Servicios de Bomberos" y que son del año 2010. Se refiere a bomberos profesionales, no disponiendo del dato de mujeres cuando se trata de bomberas voluntarias. (descárguese la versión pdf para ver la tabla)

En el ejército sí se han realizado análisis diversos sobre la acción de las mujeres y sus capacidades, resultando claramente favorable su participación, dado que se trata de otra perspectiva enriquecedora desde los distintos ámbitos que cubren los ejércitos. El caso de la Unidad Militar de Emergencias podríamos decir que es el que más se parece a los cuerpos de bomberos por sus funciones de intervención en casos de emergencia y catástrofe. El número de mujeres actualmente en la UME es de un 6 %, muy superior al existente en los parques de bomberos civiles. En los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado las mujeres desempeñan de forma satisfactoria su trabajo siendo el porcentaje actual cercano al 7% en la Guardia Civil y al 13% en la Policía Nacional.


 Mujeres actualmente en la UME un 6%, en los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado cercano al 7% y en Policía Nacional el 13%

Esta distinta realidad no parece que tenga sentido en un país democrático donde los puestos de trabajo son una riqueza social de todos los colectivos y por tanto, debe haber un reparto de los mismos y de las funciones que pueden desempeñar tanto hombres como mujeres, ambos con derecho a participar de todos los puestos de trabajo que se convoquen, y más aún si éstos son públicos.

En el caso de las zonas gestionadas a partir de fórmulas de voluntariado, los resultados son no solo económicamente favorables sino que también socialmente suponen una forma de integración de las mujeres en todo lo público, favoreciendo así la cultura de la prevención como valor importante de toda protección civil. Por otra parte, los equipos mixtos resultan socialmente más favorables al cambio hacia una cultura menos machista, menos elitista y más participativa. Otra ventaja más de los equipos mixtos es la de ayudar a los propios hombres a tener una visión profesional más amplia, con otros enfoques y visiones distintas.

El voluntariado es una forma de expresión social que consigue ciudadanos más responsables y más participativos, donde se aporta algo a la sociedad de una forma desinteresada y sin otro ánimo más que el de contribuir con algo o ayudar a las personas. Este sistema crea menos corporativismo en la gestión y por ello está más abierto a nuevos planteamientos, a nuevas fórmulas o a cambios en los procesos de selección, incluyendo aquí la mayor apertura hacia la selección de mujeres para estas tareas.

Las mujeres que deciden ser bomberas podemos decir que parten con una gran vocación, lo cual es un buen punto de partida. Pero además si las condiciones de motivación en el trabajo ayudan, esa vocación permanece en el tiempo. Sin embargo, en muy diversas pruebas gestionadas desde las administraciones autonómicas o locales, dicha vocación no se contempla como un valor a largo plazo, lo cual en mi opinión es equivocado pues es algo fundamental en una profesión de servicio público y más cuando se requiere una gran fortaleza psicológica, denominada resiliencia por los expertos.

Hace ya tres años el periódico El País, en un artículo titulado "Queremos ser bomberas" denunciaba esta situación injusta e ineficiente en España, donde un representante de UGT reconocía que "en las últimas promociones más del 40% de los hombres no tienen la vocación que ellas tienen". Desde entonces no parece que se haya avanzado nada.  Solo cuando una sentencia lo exige se hacen variaciones en las convocatorias. Parece que solo les queda esta salida a las mujeres con deseo de ser bomberas.

Otros aspectos poco valorados son la capacidad de mando, la visión estratégica o la iniciativa, donde estoy convencida de que muchas mujeres candidatas sacarían un sobresaliente. Sin embargo todo esto no cuenta frente a las pruebas físicas que se convierten en completamente determinantes y suponen un difícil o imposible paso para muchas de ellas.

Tomando diversas convocatorias para pruebas de acceso a cuerpos de bomberos en administraciones locales y regionales, y analizando las pruebas físicas, podríamos esquematizar que hay 3 procesos de selección cuyas bases están bien diferenciadas:

 Solo cuando una sentencia lo exige se hacen variaciones en las convocatorias. Parece que solo les queda esta salida a las mujeres con deseo de ser bomberas.  

Modelo premiado

En el cual las mujeres y los hombres se deben examinar realizando las mismas pruebas físicas, pero en caso de que una mujer las supere, recibe un porcentaje de bonificación sobre los puntos obtenidos, de manera que en el listado general pasaría a ocupar una posición mejorada.

Lo cierto es que este sistema produce, tanto en los candidatos varones como en el caso de bomberas candidatas, la sensación de que se está haciendo un regalo a las mujeres con aspiraciones a ser bomberas. En realidad las pruebas físicas son las mismas, por lo que la mujer tiene que demostrar un mismo umbral de capacidades que los hombres (correr a la misma velocidad, cargar el mismo peso, etc...) y lo que ocurre es que, una vez demostrada la superación de las pruebas, se le regalan una serie de puntos (20%), regalo que no resulta pedagógico pues algunos se cuestionan dicho porcentaje de premio ¿por qué no más o por qué no menos? Y además, algunos les insinúan a sus compañeras que "te lo han regalado". Este punto de partida no parece muy adecuado si lo que se busca es crear una cultura de trabajo en equipo. 

Modelo excluyente

En el cual las pruebas físicas son exactamente las mismas para hombres y mujeres, no considerando que existen diferencias biológicas entre ambos sexos y que la estatura media de las mujeres es inferior a la de los hombres, además de otras diferencias anatómicas que impiden desarrollar las mismas musculaturas en ambos sexos.

Resulta evidente que este modelo sería impugnable ante el Tribunal Constitucional a la vista de lo antes expuesto y entendiendo que es un sistema que busca una selección claramente masculina, pues considera de menor valía a las mujeres para este tipo de trabajos.

  


Modelo abierto

En el cual se hacen dos baremos distintos, uno para mujeres y otro para hombres, adaptando las pruebas a las diferencias físicas y anatómicas.

Se trata de un modelo que busca la entrada de ambos sexos y que estima por tanto de forma similar a hombres y a mujeres. 

En algunas de las convocatorias analizadas se contempla la posible discapacidad como una opción que debe mencionarse en la hoja de solicitud. Esta acción que en alguna comunidad autónoma resulta de obligado cumplimiento para atender a las disposiciones legales establecidas a tal efecto, aparece como una ironía, pues mientras a las mujeres se les limita el acceso con pruebas físicas incompatibles, al parecer, de una forma teórica, se pretende la igualdad de trato a las personas discapacitadas. Una tendría en este caso la tentación de cumplimentar la solicitud indicando como discapacidad la de "ser mujer" y ver lo que ocurre en este caso. En ninguna de estas convocatorias queda claro con qué discapacidades se puede presentar algún candidato a bombero, lo cual lleva a entender que es un mero formalismo, sin ningún fundamento o justificación que lo avale, y que es contrario a la práctica con la que se examina a los bomberos candidatos desde hace varias décadas. Lo cierto es que una vez que una mujer llega a ese sueño que tenía y consigue ser bombera, tampoco lo tiene fácil para desenvolverse con sus compañeros varones. Alguna de ellas me ha comentado que, cuando llega el momento de hacer una revisión al vehículo de extinción de incendios, siendo una mujer la responsable de ello, la respuesta de los compañeros es precisamente la falta de compañerismo y en ocasiones se quedan mirando pasivamente, como si estuvieran haciendo un examen y comentando las maniobras de la compañera sin prestarle el debido respeto. Resulta evidente que esto es lo que ellas perciben porque así se les ha educado a ellos. Estos comportamientos machistas han salido a la luz también en otros países como ya denunció en 2012 Jeanne Pasheleck, presidenta de la Asociación Internacional de Mujeres en Servicios de Extinción de Incendios y Emergencias, indicando que "van desde abuso verbal hasta asalto físico como violación", refiriéndose a problemas que sufren las bomberas de Florida (EE.UU.).  


En algún parque de bomberos de Madrid la no existencia de aseos para mujeres ha llevado en algún caso a forzar la elección de destino, teniendo la mujer bombera que optar por otro parque distinto del que en principio deseaba. Esto ocurrió hace ya unos años, y lo cuento confiando en que no se vuelvan a dar casos como éste, que se quedan como anécdotas grabadas en la memoria, pues resulta inadmisible que no se exijan unos mínimos en todos los parques de bomberos. Parece claro por los testimonios que he escuchado que los parques de bomberos de nuestro país tienen una asignatura pendiente, la de reforzar el trabajo en equipo con personas de distinto género y entender que esa diversidad genera mayores capacidades y posibilidades a futuro. Quizás nadie se haya planteado esta necesidad o quizás los responsables hayan visto este reto como muy difícil ante una actitud prepotente y machista que puede venir aumentada por el culto al cuerpo y a la fortaleza física como valores principales a alimentar. La formación para crear un espíritu de equipo debe impartirse como parte de las obligaciones de toda empresa que desee progresar pues uno no nace sabiendo hacerlo y, además, es necesario crear una cultura interna contra los estereotipos o actitudes que resultan dañinas y que a la larga no propician el buen hacer de todo el equipo. 

La aceptación de las mujeres no parece que sea fácil para un colectivo de hombres cuya educación profesional está basada en la fuerza física como parámetro fundamental. Hasta hace poco la altura mínima era un requisito físico que, gracias a una sentencia, hubo de eliminarse y, a partir de entonces, puede haber bomberos más bajos o más altos, sin haberse con ello reducido la eficiencia de los cuerpos de extinción de incendios. Incluso podría afirmarse sin ninguna duda que una persona más baja puede tener en muchas ocasiones más agilidad y desenvoltura que una persona más corpulenta. En otra sentencia de un juzgado de Bilbao, dictada en febrero de 2013, nos encontramos con la necesidad de repetir las pruebas de acceso realizadas por los servicios de extinción de incendios y salvamento de la Diputación Foral de Vizcaya por no cumplirse la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. En este caso la recurrente, única mujer que se presentó las pruebas, fundamentó su recurso en la "imposibilidad de superación" de una de las pruebas físicas. Evidentemente, esta imposibilidad fue la que llevó a otras mujeres a desistir de presentarse.  

La Ley orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva entre hombres y mujeres establece unas bases jurídicas claras que en muchas convocatorias no se están cumpliendo. 

Por el contrario, en el mismo territorio vasco nos encontramos con el documento "La situación de la mujer en la Ertzaintza", que realiza un interesante análisis y que supone un modelo a seguir para todas las entidades públicas. Se trata de una evaluación que busca conocer bien el perfil de los puestos que desempeñan las mujeres y avanzar hacia esa pluralidad enriquecedora que significa la inserción de las mujeres en todas las actividades sociales. Se recopilan datos estadísticos, se valoran resultados de las convocatorias y al final, se concluye con medidas que se deberían implantar para que haya más mujeres candidatas y para promover una cultura profesional comprometida con la igualdad real de oportunidades, incluyendo en la política de comunicación el desmontar mitos, haciendo pedagogía que visualice otras habilidades necesarias más allá de la mera fuerza física. Es por tanto un documento que busca modernizar la Ertzaintza y mejorar desde todos los puntos de vista el trabajo de este colectivo profesional. No estaría mal que los bomberos del País Vasco siguieran esta estela. Parece que en España las sentencias van marcando un rumbo que todavía no acaba de ser aceptado por los responsables de la protección civil y emergencias. Quizás la existencia de sindicatos fuertes en estos cuerpos pueda ser causa de un corporativismo que se ha quedado trasnochado en su planteamiento laboral y profesional. La política debe corregir esta falta de autocrítica si quiere servir como instrumento de progreso. 

El actual marco legal existente en nuestro país pone difícil mantener como hasta la fecha los procesos de selección de bomberos que se hacen en diversas administraciones. La Ley orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva entre hombres y mujeres establece unas bases jurídicas claras que en muchas convocatorias no se están cumpliendo. Esta ley incorpora al ordenamiento español la Directiva europea 2002/73/CE relativa a la aplicación del principio de igualdad de trato entre hombres y mujeres en lo que se refiere al acceso al empleo, a la formación y a la promoción profesionales, y a las condiciones de trabajo 

Nieves Sánchez Guitián 

Exdirectora de la Escuela Nacional de Protección Civil  

Creo sinceramente que ha llegado el momento de hacer una revisión a fondo del cumplimiento de la Ley de igualdad en los procesos de selección de bomberos. Una gestión responsable debería llevar a las distintas administraciones a realizar los oportunos cambios en el modelo existente sin que sea necesario que una candidata a bombera tenga que hacer antes la proeza de acudir a los tribunales para poder reivindicar algo que es su derecho reconocido por ley, y que es el acceso a una profesión con la que pueda realizar sus sueños. Como decía una de ellas "antes pensaba que la igualdad era hacer las mismas cosas que ellos, pero ahora me doy cuenta de que es tener las mismas oportunidades". Hago mía esta frase e insto a todas las autoridades y responsables políticos a hacer algo para que esto cambie. Yo quiero tener bomberas que me atiendan si alguna vez lo necesito. Hace ya bastante tiempo que creo más en la razón que en la fuerza y no hago más que predicar en muchos foros que el conocimiento hay que ponerlo en valor frente a un país que muchas veces desprecia la planificación y prefiere la improvisación como forma de actuar. Esta cultura nos lleva muchas veces a perder recursos y a ser 8 económicamente ineficientes. Es una pena que en la gestión de las emergencias no hayamos integrado todavía la pluralidad como un valor que mejora la gestión. Los prejuicios perjudican a las sociedades que quieren progresar. Las grandes empresas que triunfan hoy en día saben que la diversidad y la pluralidad de ideas y formas de pensar aumentan los rendimientos y los resultados. En España todavía algunas administraciones públicas se resisten a un avance imparable que no hará más que retrasar nuestro avance cultural, social y económico.